Antes de salir de vacaciones, solemos revisar el gas, el agua y las ventanas, pero pocas veces pensamos en la bici. Sin embargo, una bici que queda sola en el patio o en el portal durante días es una invitación para los curiosos. Con un poco de preparación puedes marcharte tranquilo y encontrarla en perfecto estado a la vuelta.
Lo primero es guardarla bien. Si puedes, mete la bici en casa, en el trastero o en un garaje cerrado. Aunque solo estés fuera unos días, lo mejor es que no se vea desde la calle. Si no hay más remedio que dejarla fuera, ponla en el rincón más resguardado, cúbrela con una funda y asegúrala con un buen candado a algo fijo.
Antes de irte
Limpia la bici y lubrica la cadena. Así no se oxidará durante los días de ausencia. Comprueba también que los neumáticos están inflados, pues pierden aire con el tiempo. Si la bici es eléctrica, saca la batería y guárdala dentro de casa, en un sitio fresco y seco, lejos del sol y de fuentes de calor.
Acuérdate de retirar los accesorios que se pueden quitar, como las luces, la cesta o las alforjas. Guárdalos con la bici, en el mismo lugar. Así, al volver, no tendrás que buscar nada, y nadie podrá llevárselos mientras estás fuera. Anota, por si acaso, dónde has dejado la llave del candado y avisa a alguien de la familia.
Pide a un vecino de confianza que eche un vistazo de vez en cuando. Le puedes dejar tu teléfono y decirle dónde está la bici. Una casa con vida alrededor da menos oportunidades. Evita anunciar tus vacaciones en las redes sociales mientras estás fuera, porque eso también avisa de que la casa está vacía.
A la vuelta, revisa la bici antes de usarla: frenos, cadena, ruedas y luces. Si algo no funciona bien, arréglalo o llévala a un taller antes de salir a la calle. Con un poco de previsión, la bici estará a salvo y lista para el primer paseo, y tú podrás empezar de nuevo sin sorpresas desagradables.