Cuando la bici aparece dañada después de dejarla aparcada

Ilustración de un paisaje

Vuelves a por tu bici y la encuentras torcida, con una rueda doblada, un faro roto o el sillín arrancado. Es un mal momento, y es normal sentir rabia o tristeza. Lo mejor es respirar hondo y no reaccionar con prisa. Una cabeza fría te permite ver qué se puede arreglar y qué es mejor dejar para otro día.

Lo primero es la seguridad. Antes de subirte, revisa la bici con calma: gira las ruedas para ver si están rectas, comprueba los frenos, mira si hay grietas en el cuadro y si los radios están sueltos. Si los frenos o las ruedas no funcionan bien, no la uses; llévala andando o pide ayuda para trasladarla. Una bici dañada puede ser peligrosa.

Ver qué hacer con los daños

Haz algunas fotos de los daños, aunque solo sea para tener un recuerdo de lo que pasó. Anota el lugar y la hora en que dejaste la bici, porque te puede servir para elegir mejor la próxima vez. No pierdas mucho tiempo buscando culpables: en la mayoría de los casos es muy difícil saber quién fue.

Lleva la bici a un taller de confianza y pide que la revisen entera. Una rueda doblada a veces se endereza, y un sillín o un faro se cambian con facilidad. Pero un cuadro con una grieta o una horquilla torcida son otra cosa, y conviene que lo vea un profesional. Pide que te expliquen qué se puede arreglar y qué es mejor sustituir.

Piensa después en el sitio donde la habías dejado. ¿Estaba oscuro, apartado, o había mucho paso de gente? Quizá convenga buscar otro lugar, con más luz y más vecinos cerca. Considera también una funda o una zona cubierta. Cambiar de sitio y de costumbres es lo que más ayuda a evitar que se repita.

Hablar con los vecinos o con la gente del barrio también puede servir. A veces alguien vio algo, o sabe de otros casos similares. Y si lo comentas, otros tendrán más cuidado con sus propias bicis. Lo importante es no dejar que un mal rato te quite las ganas de pedalear. Con tiempo, la bici volverá a rodar, y tú con ella.